Llámanos: 322 210 78 19  

Adquirir una vivienda usada para vivir implica muchas veces reformas o mejoras que tienen su filigrana para evitar sobrecostos o que los arreglos soñados se queden a mitad de camino. Ilustración Elena Ospina
Tomado del Periódico el Colombiano
DE ENERO DE 2017
 
En Medellín cada vez es más difícil hallar proyectos nuevos de vivienda que, por ubicación o precio, se ajusten a las necesidades y posibilidades de un amplio segmento de la población.

Además la limitación de suelo urbanizable y menor desarrollo de proyectos que en otros municipios del Valle de Aburrá, dan fuerza a la alternativa de comprar vivienda usada.

De hecho, según la Lonja de Propiedad Raíz de Medellín, cerca de la mitad del promedio de 70 mil negocios inmobiliarios que se concretan en la ciudad, son ventas de vivienda usada.

En ese sentido, resulta clave asesorarse por un avaluador certificado, que dé luces sobre el monto de la transacción y de los antecedentes del inmueble, su antigüedad, potencial de valorización y los términos legales.

También deben atenderse varias recomendaciones, particularmente después de concretar la compra, cuando la imaginación por darle un nuevo aire a su propiedad puede generar satisfacciones o dolores de cabeza y frustraciones (ver Consecuencias).

Decida con criterio

En la práctica, siempre es mejor comprar un apartamento o casa que está desocupado, pues permite identificar con más facilidad la funcionalidad y área de los espacios, la calidad de la iluminación, la temperatura (si da o no el poniente) y detectar los arreglos prioritarios que se deben hacer.

Más allá de la deseable pintada de paredes y nueva cortinería, hay que revisar la distribución de las tomas eléctricas, el estado de sistemas sanitarios, duchas, tuberías y de la red de gas. Tampoco se puede olvidar verificar clósets, pisos, puertas, chapas y techos.

Según Luis Miguel Ramírez, gerente de ParaConstruir y la red CasaTienda, hay dos cambios que pueden mejorar ese patrimonio y valorizarlo al intervenir baños y cocina, espacios de mayor uso y deterioro.

“Hay una amplia gama de posibilidades y materiales de duchas, sanitarios y grifería para renovar los baños y ahorra consumo de agua. En el caso de las cocinas, cambios sutiles en un mesón de aluminio por otro de granito, quartzone o mármol que, según, las posibilidades, hacen la diferencia”, agregó.

También hay que tener en cuenta que para apartamentos de áreas pequeñas, la pintura clara los hacen ver más amplios. También hay que revisar el material de techos y paredes (cemento, concreto o drywall) para evaluar si son más factibles cambios en la iluminación.

Presupueste bien

Con esa decisión, llegó la hora de dejar de pensar con el deseo, priorizar mejoras y definir un presupuesto y cómo se financiará, pues no todo comprador piensa en dejar recursos disponibles del crédito que tomó para adquirir la vivienda o del mismo flujo de caja del hogar.

“Me ha pasado con clientes que quieren hacer muchas cosas y se encuentran con que no son viables por temas estructurales o el presupuesto no les alcanza. Por eso es mejor asesorarse bien desde el principio”, comentó Bibiana Martínez, gerente de la firma Factura y Diseño.

Entonces, con el presupuesto claro, real y posible para las obras definidas, también es necesaria una reserva para imprevistos, y evitar que las reformas o mejoras queden a medio hacer.

¿Delegar o no?

Antes de comenzar a tumbar muros, cambiar pisos, baños, nueva iluminación y refaccionar la cocina, hay que tomar la decisión de si estas remodelaciones se realizan directamente o se busca una administración delegada.

Esto dependerá de la magnitud de los cambios definidos, pues conseguir por aparte un plomero, un maestro de obra, un electricista o un carpintero puede al final generar costos mayores.

A eso se suma la obligatoriedad de cumplir con las leyes laborales y las prestaciones, para evitar líos posteriores, por ejemplo, el accidente de un trabajador que no tenía aseguramiento en riesgos laborales (ARL).

También es recurrente que el nuevo propietario se crea “Bob, el Constructor” y por arreglar o reparar más barato, termina haciendo más daños y pagando más caro. En ese sentido, hay que tener en cuenta que la normatividad para edificaciones cada vez es más estricta y requiere de conocimiento técnico.

Compras y tiempos

Finalmente, hay que tener presente los esquemas de compras de insumos, así como los tiempos de las obras.

“El éxito de no salirse de los presupuestos es saber comprar y manejar la mano de obra. Las empresas que nos dedicamos a esto tenemos acuerdos y descuentos con proveedores, así como personal idóneo, que ayudan a optimizar el gasto de las reformas”, agregó Martínez.

Una vez definida la manera de llevar a cabo los ajustes en la nueva vivienda, hay que ser conscientes de que hay reformas que no se hacen de un día para otro.

Por eso se debe dar un margen prudencial para llevarlas a cabo, pues realizarlas cuando ya está ocupado el inmueble genera retrasos y limitaciones, tanto en residentes como en trabajadores.

Con estas sugerencias y advertencias, ahora sí, deje su vivienda usada como si fuera nueva: ¡manos a la obra!.

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *